MALPELO UN SANTUARIO PROFANADO




Se calcula que, en Malpelo, cada año, capturan 5000 tiburones. Los sobreexplotan por sus aletas, apetecidas en Asia. Un kilo puede costar $1000 dólares. La isla, declarada en 1995 como Santuario de Fauna y Flora, permanece bajo amenaza. Por fortuna hay esfuerzos para blindarla.


Profanación al santuario

En la última década han sido interceptadas 78 embarcaciones realizando pesca ilegal en Malpelo. Casi todas procedentes de Ecuador y Costa Rica. 250 tripulantes fueron puestos a disposición de la Fiscalía, pero solo hubo 31 condenas. La pesca industrial acecha.

La sola presencia de lanchas de pesca en los 2,6 millones de hectáreas que delimitan el área protegida del santuario es un sacrilegio que tristemente se ha vuelto hábito.

Entre enero y mayo, cuando el Pacífico Sur empieza a calentarse, el agua fría de Malpelo atrae especies como el marlin, el pez vela y el tiburón martillo, pero con ellos llega su mayor depredador: el hombre.


Hasta finales de marzo de 2019 era ‘habitual’ ver en el horizonte una o dos lanchas pequeñas haciendo faenas de pesca en el área protegida. Pero en la primera semana de abril se puso en marcha un ataque masivo desde el puerto de Esmeraldas, en Ecuador.

Lo que estaba por venir fue advertido en la madrugada del 8 de abril por funcionarios de la Fundación Malpelo y de Parques Nacionales, quienes en un recorrido por la isla sacaron del agua varios flotadores plásticos, espineles de pesca y dos tiburones martillo muertos.

En la tarde del día siguiente fueron vistas cuatro lanchas y se avisó al buque ARC Punta Soldado de la Armada, que al rodear la isla encontró cerca de 30 embarcaciones que emprendían la huida, aunque testigos aseguraron que eran más de 60 lanchas pescando en zona protegida.


Aunque todos huyeron en distinta dirección, la Fuerza Naval del Pacífico logró retener seis embarcaciones y remolcarlas hasta Buenaventura, donde los 27 tripulantes fueron puestos a disposición de la Fiscalía General por los delitos de violación de fronteras e ilícita actividad de pesca, entre otros.


Un hecho similar no se recuerda desde que en octubre de 2011 ingresaron en el Santuario de Fauna y Flora de Malpelo al menos diez barcos con bandera de Costa Rica y atraparon más de dos mil tiburones a los que les cortaron las aletas, tan apetecidas y cotizadas en la cocina asiática, y los arrojaron de nuevo al mar donde murieron asfixiados y desangrados.

La escena fue vista por buzos rusos que fueron a Malpelo, uno de los diez mejores lugares en el mundo para avistar tiburones, y hallaron los tiburones martillo, ballena y galápago, entre otros, desmembrados y agonizantes.

Una de las consecuencias de la sentencia de muerte firmada en los años 80 y 90 contra millones de tiburones, cuando les atribuyeron supuestas propiedades médicas y afrodisíacas.

Eso sin contar el daño que generan las -embarcaciones al arrecife coralino con sus sistemas de anclaje o con sistemas de pesca de arrastre.


“Un proceso que la naturaleza tardará décadas o cientos de años, dependiendo del tamaño, en regenerar. Esa presión más problemas de cambio climático podría generar que en 50 o 100 años ya no tengamos los ecosistemas que tenemos ahora”, explica César Peñaherrera, director de ciencias de Migramar, una ONG estadounidense que estudia especies migratorias desde México hasta el sur de Chile.



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